lunes, 8 de julio de 2013

OTROS ASPECTOS DE LA DÉCADA GANADA (1)


Estamos próximos a nuevas elecciones de representantes para el poder legislativo en La Pampa: se renuevan tres diputados. Estas elecciones  del 11 de agosto con las PASO (primarias abiertas simultaneas y obligatorias) son de importancia para la gobernabilidad, ya que como dijo la Presidenta en su discurso del Sábado: “Tenemos que ganar otra década para recuperar 50 años de atraso”.

* La lista de ejes transformadores que el kirchnerismo planteó a la sociedad argentina durante estos 10 años, fueron muchos y variados:
* La política de Derechos Humanos.
* La soberanía respecto de los centros financieros internacionales.
* El abandono de la dependencia norteamericana en materia de relaciones internacionales.
* La construcción y el fortalecimiento de la Unasur.
* El intervencionismo estatal, la redistribución de la riqueza.
* La ampliación de ciudadanía constante.
* La independencia de la política respecto de los grupos económicos de presión.
Por eso es importante recordar algunos hechos que posibilitaron llamar a esta década: la Década Ganada
La actividad económica aumentó 7% en abril respecto del mismo mes del año pasado.
Los economistas plantean que existen factores que explican el fuerte crecimiento de la economía:
1. Uno de ellos  es el resultado del impulso de las exportaciones del campo y la industria automotriz.
2. y el repunte de la construcción, gracias a la obra pública y la edificación de vivienda residencial.
Hoy me voy a referir al crecimiento de la construcción.
Hay que tener en cuenta que la construcción es uno de los sectores productivos con mayor encadenamiento entre las diversas áreas de la economía, la apuesta de inversión sobre los diferentes planes de vivienda por parte del Estado, no sólo está dirigida a satisfacer la necesidad de un techo, sino a otorgar una inyección de recursos a la economía en general, como medida contra-cíclica en un período de enormes dificultades a escala planetaria de las cuales Argentina no está exenta.
El nivel de actividad de la construcción creció durante mayo 7,7 % en comparación a igual mes del año pasado.
Hay un Indicador que es el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) que refleja la evolución del sector de la construcción a partir del comportamiento de un conjunto de insumos representativos.
Como cemento, hierro redondo para hormigón, revestimientos cerámicos, pinturas para la construcción y uso doméstico, vidrio plano, ladrillos huecos, asfalto y tubos de acero sin costura.
El ISAC se mide en forma mensual y refleja la actividad de la construcción tanto en el sector público como privado.
Para realizar la medición del conjunto del sector se toman como referencia: la edificación para la vivienda, edificación para otros destinos, construcciones petroleras, obras viales, otras obras de Infraestructura.
Gustavo Weiss, de la Cámara de la Construcción en una entrevista que le efectuaron, manifestaba que hubo dos factores que produjeron el aumento de la construcción:
• el estímulo del blanqueo
• y el Pro.Cre.Ar (programa de Crédito Argentino del Bicentenario)

Procrear: Existen en ejecución cerca de 30.000 viviendas unifamiliares, gracias a este plan, pero se estima que hasta fin de año se construirán 100.000 viviendas.

La generación de empleo es una de las claves.
 En cuanto al impacto en la creación de empleo, se calcula que el programa redundará en aproximadamente 300 mil nuevos puestos de trabajo, entre los directos y los indirectos.
"Además  las consecuencias de la mayor actividad económica impactan sobre el consumo y, por esta vía, también sobre la inversión y el empleo",
Por cada 1000 viviendas se crean casi 1000 empleos.
74 empleos en fábricas de ladrillos;
9 en las industrias del cemento;
24 en hormigoneras y fabricantes de productos de cemento;
14 en las fabricantes de cerámica;
21 en la industria siderúrgica;
19 en productos metálicos como puertas y ventanas de metal;
10 en la fabricación de productos metálicos desde grifería hasta chapas;
12 en la producción primaria de madera y 31 en los aserraderos;
29 en la fabricación de productos de madera, tales como puertas, ventanas y pisos;
24 en las canteras de cemento y arena;
10 en la industria del mueble;
17 en artículos plásticos, como tubos y caños o revestimientos.
También se generan puestos de trabajo en el comercio y los servicios:
65 en las transportistas de carga;
234 en el comercio minorista;
75 en el comercio mayorista;
y 7 en el sector de logística.
La infraestructura pública es otro de los bloques que gana dinamismo. La obra vial registró un alza de 6,1 % en mayo, respecto del mismo mes del año pasado. El renglón de otras obras de infraestructura aumentó 11,3 % interanual

Cuando en las últimas elecciones presidenciales Cristina Fernández de Kirchner  ganó con un 54% de votos,  se abrieron nuevos desafíos, entre ellos el de la "institucionalización", no del  modelo económico, sino un proyecto político que incluye medidas económicas y otras medidas, culturales y sociales, que continúan con la mejora de la distribución de la riqueza, el achicamiento de la brecha y la desigualdad social, la transferencia de recursos de un sector a otro de la producción –del campo a la industria o del sistema financiero a la tecnología de punta–, mejora de los índices de desocupación y de ingreso; pero también de sellar cuestiones ideológicas y culturales relacionadas con el papel del Estado, los límites de su intervención en la economía y las formas de democratización de los poderes del aparato estatal.
Es por eso que adherimos a un folleto que circulaba el sábado en el lanzamiento de campaña del Frente para la Victoria “¿Qué elegís? ¿Un proyecto o un rejunte?”, o podríamos decir:
 Cuando elijas la boleta con las candidatas y candidatos, pensá: ¿ellos cuánto más nos harán ganar o cuánto nos harán perder de todo lo ganado?

(1) Noemí S. Olivera

domingo, 30 de junio de 2013

La década ganada [1]

Antecedentes a recordar en el mes de Junio

Hace 57 años un 9 de junio de 1956 se producen  los fusilamientos en José León Suárez de políticos, civiles y militares, durante el gobierno de facto de la autodenominada "Revolución Libertadora" o “fusiladora”.

Un 14 de junio de 1928 nace Ernesto Guevara de la Serna, el Che Guevara, aquel hombre que soñó con una “Latinoamérica Unida” y aun hoy despierta grandes pasiones en la opinión pública.

También el 14 de junio de 1982 en Puerto Argentino/Stanley las tropas de nuestro país se rinden; la Guerra de las Malvinas termina, restableciendo la administración británica sobre las Islas Malvinas.

 Hace 58 años un 16 de junio de 1955, fue bombardeada en horas del mediodía la Plaza de Mayo y el centro de la ciudad de Buenos Aires por aviones de las Fuerzas Armadas, la atacaron con el objetivo de derrotar al Gobierno Democrático de Juan Domingo Perón . El resultado fue más de 300 muertos, en su mayoría personas que transitaban por la Plaza de Mayo como en un día cualquiera.

Desde 1999 queda establecido el 17 de junio  como el Día Nacional de la Libertad Latinoamericana en conmemoración del fallecimiento del General Martín Miguel de Güemes, quien fuera defensor de la frontera norte contra la invasión realista, lo que permitió al general San Martín encarar sus campañas de Chile y Perú.

20 de junio, 40 años de la Masacre de Ezeiza en ocasión del regreso definitivo a la Argentina de Juan Domingo Perón, luego de  años de exilio, las columnas de Montoneros y otros manifestantes fueron atacadas al tratar de traspasar las vallas y ocupar los lugares cercanos al palco.

Un 3 de junio, hace 243 años nacía en Buenos Aires quien sería uno  de los intelectuales más lúcidos de su tiempos, Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, es importante recordar el día de su nacimiento porque si se hace una revisión del calendario, Belgrano no tiene un día donde se le rinda homenaje salvo el 20 de junio día de su muerte, pero que se lo conmemora como el Día de la Bandera.

Belgrano Fue uno de los más notables economistas argentinos, precursor del periodismo nacional, impulsor de la educación popular, la industria nacional y la justicia social.

El planteaba como algo fundamental, la unión de los ciudadanos, ya que la desunión puede originar guerras civiles, para dar entrada al enemigo, por débil que sea y así arruinar el imperio más floreciente.

Por eso recordarlo es importante y más importante es leer sus escritos que mantienen una dolorosa actualidad.

Manuel Belgrano escribía en La Gaceta el 1º de septiembre de 1813:
 "Se han elevado entre los hombres dos clases muy distintas; la una dispone de los frutos de la tierra, la otra es llamada solamente a ayudar por su trabajo, la reproducción anual de estos frutos y riquezas, o a desplegar su industria para ofrecer a los propietarios comodidades y objetos de lujo a cambio de lo que les sobra.

El imperio de la propiedad es el que reduce a la mayor parte de los hombres a lo más estrechamente necesario".

El filosofo y docente de la Universidad Nacional de Córdoba, Juan José É HERNÁNDEZ ARREGUI en su libro “EL SILENCIO DE LOS INTELECTUALES SE LLAMA TRAICIÓN AL PAÍS” , considera que:

-       No hay soberanía nacional, sin alcanzar antes la independencia económica, que es sinónimo de industrialización;

-       No existe independencia económica y política, sin consolidar la soberanía cultural y la revolución científico tecnológica;

-       No alcanzaremos la soberanía cultural, sin recuperar nuestra conciencia histórica.

-       La tarea de la segunda independencia incluye al continente latinoamericano, que va a unificarse atendiendo su cercanía cultural e histórica, y a partir de reconocer sus intereses y sus enemigos geopolíticos en común.
 
Algunos aspectos de la Década Ganada

Es por eso que en esta Década Ganada por los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, se propusieron a través de diferentes medidas orientar el reparto de la riqueza con el objetivo de mejorar la distribución del ingreso a una mayor parte de la sociedad.

Uno de los tantos ejemplos del impulso de soberanía nacional son las  350 empresas y fabricas recuperadas, con 25 mil empleados que ayudan a activar la sustitución de importaciones


Todo comienza hace 10 años con la crisis del año 2001, momento en que centenares de empresas fueron levantadas por sus trabajadores evitando su cierre definitivo y, luego, la creación de cooperativas de trabajo formó parte de las políticas públicas de generación de empleo a partir de satisfacer con bienes y servicios la demanda del Estado.

Estas cooperativas basadas en la solidaridad se convirtieron para miles de familias en un salvavidas que las sacó de la crisis.
La organización de los trabajadores en cooperativas permitió la recuperación de la cultura del trabajo, la integración y protagonismo social de sectores populares totalmente postergados, que no hubiera sido posible sin las políticas públicas que se desarrollaron durante estos años.

Tras una década de trabajo, las empresas recuperadas demostraron que son un modelo de gestión empresarial en manos de los trabajadores, absolutamente posible, viable y sustentable en el tiempo.
El continuo surgimiento de nuevas fábricas recuperadas da cuenta de que, aun en tiempos de recomposición económica, la figura del trabajador auto-gestionado se convierte en una herramienta importante para sostener los puestos de trabajo.


Este modelo trasciende las fronteras

En un artículo periodístico dice que  El tango, Maradona y recientemente el Papa Francisco son algunas de las referencias inmediatas a la hora de identificar a la Argentina por parte de un extranjero en cualquier lugar del mundo.

Ahora,  se le agregan al  ADN nacional las empresas recuperadas, al menos para el medio centenar de trabajadores de Vio.Me, un fabricante de materiales para la construcción de Grecia que se transformó en la primera firma gestionada por sus trabajadores, "inspirados" en el ejemplo de la ex Zanón, actual FaSinPat.

La historia comenzó en mayo de 2011, cuando la empresa matriz Philkeram-Johnson dejó de pagar los sueldos en su subsidiaria Viomichaniki Metalleutiki (Vio.Me), ubicada en Tesalónica, Grecia, en medio de la peor crisis económica y social que desde hace tres años atraviesa el país. Tras el fracaso de las gestiones para cobrar los sueldos adeudados, los trabajadores ocuparon la fábrica, la que, después de un corto tiempo, fue abandonada por sus dueños.

Según explicó Theodoros Karyotis, portavoz de la Iniciativa de Solidaridad con Vio.Me. , el ejemplo de la Argentina, el de Zanón, o FaSinPat fue particularmente importante a la hora de tomar las riendas de la producción. Antes de inclinarse por esa opción, los trabajadores invitaron a un referente del Movimiento de Empresas Recuperadas de Argentina, Ernesto Paret, quien compartió las experiencias locales y terminó por convencer a los indecisos.

Continúa diciendo Karyotis; Grecia está atrapada ahora mismo en las garras de la troika y todos nuestros derechos laborales, sociales y políticos están amenazados. Entonces, el significado de la lucha de Vio.Me es bastante especial, ya que es el primer intento de autogestión de una fábrica en Grecia y si prospera generará un precedente. Hay muchísimas empresas que están cerradas, muchísimos trabajadores que están en la calle y sin recibir sus sueldos, entonces este será quizás un ejemplo a seguir para dar un nuevo sentido, una nueva dirección a las luchas obreras, hacia una mayor autonomía del Estado y del mercado".

Para finalizar quiero retomar palabras de Manuel Belgrano

“…la unión ha sostenido a las naciones contra los ataques más bien meditados del poder, y las ha elevado al grado de mayor engrandecimiento, hallando por su medio cuantos recursos han necesitado en todas las circunstancias, también sobrellevar sus infortunios, o aprovechar las ventajas que el orden de los acontecimientos les ha presentado”.

Más adelante decía “…los políticos sabios de todas las naciones, siempre han aconsejado a las suyas que sea perpetua la unión, y que exista, del mismo modo, el afecto fraternal entre todos los ciudadanos”.

(1) Noemí Sofía Olivera

miércoles, 5 de junio de 2013

La Década Ganada por los Jóvenes (2003-2013) [1]


El 25 de Mayo del 2013, en la Plaza de la Alegría se conmemoró la Década Ganada por el pueblo, como consecuencia de la propuesta política hecha en el año 2003 al asumir Néstor Kirchner y continuada por Cristina Fernández de Kirchner, cuyo objetivo fue la defensa de los sectores más vulnerables.

Realmente más que nunca se puede decir que es una Década Ganada, y para eso tomaremos un aspecto de la década del Neoliberalismo y de estos últimos diez años sobre la situación de los jóvenes en Argentina.

De acuerdo a los estudios realizados en la década del Neoliberalismo (1) sobre los indicadores laborales de la población joven y volcada en el cuadro:


(1) Fuente: Proyecto CeyDS, Instituto de Investigaciones Gino Germani, FCS-UBA, con base en datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). República Argentina.  Onda de Octubre de 1990 – 2001

Considerando

a/ La tasa de población activa es el porcentaje de la población económicamente activa (ocupados más desocupados) sobre la población total.

b/ La tasa de ocupación horaria plena es el porcentaje de ocupados que trabajan más de 35 horas por semana o menos sin que deseen trabajar más horas sobre la población económicamente activa.

c/ La tasa de subocupación horaria visible es el porcentaje de la población que trabaja menos de 35 horas semanales y desea trabajar más horas sobre la población económicamente activa.

d/ La tasa de desocupación abierta es el porcentaje de la población desocupada sobre la población económicamente activa.

El cuadro nos muestra cómo, a medida que el gobierno de Carlos Menem iba implantando las políticas del Consenso de Washington, se producía en forma paralela un descenso de la ocupación plena, a favor de la subocupación horaria y de la desocupación abierta

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica de Naciones Unidas para América Latina (CEPAL), en un análisis conjunto difundido en Ginebra, con ocasión de la Conferencia anual de la OIT en el año 2012, difundió las siguientes cifras: la tasa de desempleo en la región (América Latina) fue del 7,3% en 2010, se produjo una bajada significativa con respecto al 6,7 en el 2011. Esto se explica fundamentalmente por un aumento del 0,5 % de la ocupación urbana.

Por otra parte, la ocupación en nuestra región pasó del 55,6% en 2010 al 56,1% en 2011. En Argentina hay una mejora del 0,8%

El desempleo "está en niveles inéditos". Pero no sólo se han creado más empleos sino que éstos son de mejor calidad.
Una cuestión que preocupa a la CEPAL y a la OIT es el mantenimiento o incluso la profundización de las brechas de desempleo entre hombres y mujeres, así como entre jóvenes y adultos. La tasa de desempleo juvenil  en Latinoamérica al 14,8 %.
Pero con comportamientos diferenciados, por ejemplo en Argentina, el desempleo juvenil disminuyó al igual que en Brasil, Chile, Colombia, Panamá, Uruguay y Venezuela durante el año pasado, pero aumentó en México, Perú y República Dominicana.

Argentina aprobó, en 2008, la Ley 26.390, donde se prohíbe el trabajo a los jóvenes hasta los 16 años, y fijó regulaciones específicas para aquellos jóvenes de entre 16 y 18 años. A diferencia de otros países en que la edad laboral legal es a partir de los 14 años.
En cuanto a salarios, en nueve países latinoamericanos hubo una mejora real del 1%, aunque los avances fueron destacables en Uruguay (4%), Venezuela (3%), Paraguay (2,8%), Chile (2,5%), Brasil (1,4%), en tanto que en Colombia se registró una leve pérdida del poder adquisitivo del 0,1%.
La directora de la OIT para América Latina, Elizabeth Tinoco, plantea que  "Latinoamérica está atravesando un momento de oportunidades que tiene que aprovechar y los gobiernos están dando muestras de seriedad y de haber aprendido de las crisis del pasado”.

En general, las tasas menores de desempleo están en Sudamérica, lo que en parte se debe a "su mayor inserción en los mercados internacionales y la naturaleza de sus exportaciones". Tinoco enfatizó que "no hay fórmulas mágicas" y que la solución pasa por "la modernización y transformación del sistema educativo, la formación laboral en base a la demanda del mercado, en avanzar en los programas de protección social y en fortalecer la negociación colectiva y la libertad sindical".

Educación

Según un documento elaborado por el Ministerio Nacional de Educación en base a datos de los Censos de Población 2001 y 2010 del INDEC, la escolarización en sala de 5 años pasó de 78.8% a 91.1% en el período inter-censal, incrementándose un 12, 3%,  son 218 mil alumnos más escolarizados en el nivel inicial (y no es crecimiento vegetativo porque la natalidad ha decrecido)”

La tasa de asistencia de la población de 6 a 11 años pasó de 98.3% a 99.0% en el mismo período. 

El ministro de Educación, Alberto Sileoni, confirmó que creció la matrícula en los diferentes niveles del sistema educativo; y precisó que el 90% de los chicos de entre 12 y 17 concurre a la escuela. Además, aclaró que creció, también, la cantidad de egresados al referirse a los resultados de la presentación de un informe de "acceso y  egreso" en el sistema educativo. Se está mejorando en la tasa de egreso, también. Porque “no es sólo tenerlos adentro de la escuela…”, dice el Ministro Sileoni, “… sino que vayan terminando”.

¿Cuáles son las causas?

“La escolarización en el nivel inicial aumentó con la Ley de Educación Nacional del 2006, que estableció que la sala de 4 años fuera universal, y la cantidad de jardines que se construyeron”, explicó Axel Rivas, investigador principal del Programa de Educación de CIPPEC.
En cuanto a la educación secundaria, el especialista destacó que, si bien aumentó la escolarización por la “gran construcción de escuelas y aumento de becas, no alcanzó para modificar la forma de enseñanza y romper el núcleo duro de exclusión”. Esto último se explica, según Rivas, por la necesidad económica de los jóvenes; la imposibilidad de poder escolarizarse en zonas rurales; y la falta de importancia de concurrir a la escuela secundaria.

Europa

El desempleo  en Europa se ha duplicado entre el año 2008 al 2012 superando  el 50% de la fuerza laboral en Grecia y en España, Portugal, Irlanda e Italia. En algunos países como por ejemplo España, no solo se duplicó , sino que la supero  pasando del 24.6% en el 2008 al 53.2% a fines del 2012, y en el primer trimestre de 2013 se elevó a un 57%.


Las cifras nos muestran el impacto de la crisis económica debido a las  medidas dictadas por la Troika (el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional) producto de los rescates hiperinflacionarios para sus bancos y una austeridad neoliberal que muchos tildan de fascista, para con la población.

Estados Unidos

Pero esto no sucede sólo en Europa, sino que en los Estados Unidos las cosas no han sido mejores.

Estados Unidos bajo el gobierno de Barack Obama ha visto que el desempleo real entre los jóvenes se eleva como la espuma, con un estimado del 23.8% en 2008, a un 34.6% en el primer trimestre de 2013, un aumento del 50%. A las cifras oficiales hay que añadir  las cifras del semi-empleo forzado.

En 2008 "solo" había tres estados con tasas de desempleo juvenil real del 30% o más: Michigan (34%), Rhode Island (31%) y California (30%). Pero para el primer trimestre de 2013, se extendió al 60% de los estados de la Unión.

La economista de la OIT, Sara Elder, ya lo había advertido en el año 2008  y no se equivocó cuando predecía  un  desalentador escenario: “el desempleo hace que ya se hable de la generación perdida, caracterizada como un grupo de jóvenes desanimados que, después de una larga y frustrada búsqueda de empleo, se excluye del mundo laboral”.
En las economías en desarrollo, se ha observado como rasgo sobresaliente  que la juventud es más vulnerable al desempleo y la pobreza, por lo que la crisis se traduce en menor cantidad de horas trabajadas y en reducción de salarios para los que pueden mantener un empleo formal.

Por ello, unos 152 millones de jóvenes –cerca del 28 por ciento de la población joven con capacidad de trabajar en el mundo– tuvieron empleo en 2008, pero permanecieron en la pobreza extrema, al disponer de menos de 1,25 dólares al día. “El resultado es que el círculo de la pobreza laboral persistirá, al menos, otra generación”, advierten desde la OIT.

Los analistas indican que una de las maneras más eficientes de destruir a una nación es la de inducir el desempleo masivo entre los jóvenes y en América Latina se ha vivido en la década del 90

De esta forma:
  • Se destruye el potencial futuro de la economía productiva.
  • Lleva a la proliferación de la drogadicción
  • Empeoran las condiciones de salubridad
  • Se desatan las actividades delictivas, homicidios y suicidios individuales y masivos.
  • Se crean las circunstancias perfectas para el reclutamiento de terroristas.
  • Y sobre todo, conduce al pesimismo cultural que ha sido siempre el caldo de cultivo para brotes de ultraderecha.   

Para finalizar se puede decir que América Latina y en especial Argentina ha vivido esta experiencia y la llegada de la Década Ganada y como ha dicho la Presidenta es también la década de la solidaridad, la década donde cada argentino o por lo menos una gran parte de los argentinos, ha comenzado a mirar al costado o, tal vez, un poco atrás donde otro argentino u otra argentina todavía le falta algo. Pero seguimos adelante con este proyecto político con objetivos económicos, sociales y culturales.

Por eso desde Carta Abierta La Pampa seguimos trabajando por más décadas ganadas para el pueblo y por el pueblo.


(1) Noemí Sofía Olivera

martes, 28 de mayo de 2013

Los diez años del kirchnerismo – LO JUSTO


 Comenzamos esta carta –que a la vez es un llamado– con la fácil comprobación de cómo han avanzado, de qué recursos se valen y cómo se realizan los crecientes procesos de deslegitimación del Gobierno. El estadio siempre presente de lo político, si bien no suele ser el más hablado, es el de la creencia colectiva, la libre opinión emancipada del tejido social. Hay un tono diario que tienen el hombre y la mujer de la calle para expresar en un sistema sabido de signos rápidos, sus opiniones sobre la relación de los hechos colectivos con sus propias perspectivas vitales. Como sabemos, son la forma más profunda y también menos formalizada de las opciones políticas. Creencias en estado de insinuación, que suelen llamarse humores o estados de ánimo, nombres imprecisos pero elocuentes, en cuyo otro polo suelen estar las elucubraciones más exigentes, el cálculo de los políticos y el modo real en que operan las fuerzas sociales y económicas.

Estamos hablando del basamento efectivo y crítico en que se enraíza todo gobierno, el sustento de la verosimilitud del vivir común en un sociedad, las hipótesis que nos dejan entrever que no hay miedo en la convivencia, que hay esperanza en la vida pública y argumentos, por más que puedan ser apenas borroneados, en la esfera manifiesta de las acciones democráticas. Revistiendo tanta importancia el núcleo de creencias públicas que son siempre cambiantes, pero no impiden revelar una viga maestra de donde toda comunidad viviente extrae el concepto de lo justo, hasta cierto punto es lógico que sean ellas las primeras atacadas. Ellas deben ahora encontrar sus propias lógicas expresivas ante el avance impiadoso de una narrativa mediática que apunta a deslegitimar, bajo la forma de un relato brutal, lo recorrido desde mayo de 2003. Para producir el ataque buscan sus símbolos evidentes, las palabras que ciertos ritos, ingenuos o profundos, señalan como el lugar de la creación de mancomuniones sociales. Es lógico, decimos, que quien desee perjudicar de modo extremo esta conjunción ciudadana donde se encuentran las instituciones visibles y la vida cotidiana, las políticas públicas y las realidades del trabajo, la actividad persistente de las más diversas militancias, dirija su hostilidad a los cimientos formadores de la adhesión que se congrega en las capas de la población que sostienen una experiencia singular de cambios sociales. ¿Qué cambios? Los que implican que por primera vez en la historia nacional se discutan aspectos de la organización del Estado y la sociedad, de la Justicia y los medios de comunicación, con sentido emancipador y no restrictivo o portador de coerciones. Se trata, después de muchos años, de darle a la idea de justicia una dimensión que logre articular lo que siempre fue prolijamente separado por los poderes económicos: la libertad y la igualdad. Contra la apertura inédita de estas dimensiones fundamentales de la vida social es que se dirigen estas acciones profunda y visceralmente desestabilizadoras no sólo de la continuidad de un proyecto transformador sino, también, destinado a incidir insidiosamente sobre el sentido común de una parte significativa de la sociedad que es capturada por ese discurso destructivo y hostil de cualquier forma de convivencia democrática. De las cloacas del lenguaje se extraen los argumentos que, más allá de cualquier prueba, son presentados como la verdadera cara de un gobierno supuestamente atrapado en su propia red de venalidades y corrupciones. Ya no importan las diferencias políticas o ideológicas, tampoco los modelos económicos antagónicos, lo único que le interesa a esta máquina mediática descalificadora es sostener un bombardeo impiadoso y constante que no deje nada en pie.

Pero entonces, con menos pruebas que arietes dirigidos a mansalva, ausentes los fundamentos del uso de la prueba, la investigación, el juicio sobre las leyes y el mismo andamiaje legal del país, se considera todo ello fruto de un espíritu despótico, de jefes políticos que se prepararon toda una vida para llegar a la función pública mandando agrandar los cofres familiares mientras pronunciaban palabras como impuesto a la renta agraria o asignación universal por hijo. Nuevamente la impostura pero ahora justificada por un ansia desenfrenada de enriquecimiento. La oscura figura del avaro, la brutal construcción del “judío” con los bolsillos llenos de dinero que supo desplegar el antisemitismo exterminador, el relato de fabulosas bóvedas rebosantes de oro y de billetes se convierten, como en otros momentos de nuestra historia en la que gobiernos populares fueron derrocados por ominosas dictaduras, mediante la estética del más consumado amarillismo periodístico, en santo y seña de una oposición que busca destruir no sólo un gobierno, sino la propia legitimidad de la política. Todos los recursos de esas estéticas televisivas y de la ficcionalización disfrazada de realidad son movilizados por quienes buscan horadar a un gobierno que, por primera vez en décadas, cuestionó injusticias y desigualdades, tramas monopólicas y abusos de poder de quienes siempre se sintieron los dueños del país. Quieren sembrar la duda en el interior de la sociedad. Buscan emponzoñar una realidad que ha sido transformada en un escenario por el que desfilan políticos corruptos, valijas llenas de dinero, oscuros entuertos financieros, prebendas nacidas del afán pantagruélico de quedarse con riquezas fabulosas. Atacan no sólo al kirchnerismo. Su objetivo es más amplio: apuntan a destituir cualquier posibilidad de que la política sea un instrumento emancipador.

Pero si se discute la Justicia es porque finalmente una comunidad arribó a la discusión de lo más profundo que hay en la Justicia: lo que se halla en las pausas internas de sus articulados, en la manifestación misma de las figuras del derecho, que es lo que aquí llamamos lo justo. El intrínseco actuar común en torno del diferendo que se resuelve con argumentos y el pensar sobre los otros. Lo justo es la alteridad de nuestra propia vida ofrecida como prueba de que ella misma debe introducirse en esos domicilios del pensar común sin hacer excepciones a favor de uno mismo. Lo justo también como una práctica que, al mismo tiempo que reconoce al otro y a su diversidad, también se afirma en la distribución más igualitaria de los bienes materiales y simbólicos. Lo justo no como retórica de lo nunca realizado sino como evidencia, más que significativa a lo largo de esta última década, de un proceso de transformación social que no sólo vino a reconstruir derechos sociales y civiles sino a poner en cuestión la hegemonía de aquellos que condujeron al país a la desigualdad y la injusticia. Eso es lo que no perdonan ni aceptan. Contra eso dirigen todas sus baterías mediáticas y sus golpes de mercado.

Sin embargo, los ataques a lo justo comienzan siempre en los lugares más sensibles, que son donde se equilibran el deber de los funcionarios con la organización de un formidable sistema para repartir cuotas perseverantes de sospechas o suspicacias respecto de su probidad y acciones regidas por lo que convenimos en llamar ética pública. Esto ocurrió en todas las épocas, porque no es de hoy el descubrimiento de que la ética pública es menos un decálogo de virtudes que un sistema de símbolos de enorme fragilidad que tiene su domicilio último en el empleo consistente y verídico de la palabra pública. No sabríamos decir, ahora, si las enormes maquinarias para horadar a los cuadros dirigentes de un país han excedido, por un lado, lo que ocurría en épocas pasadas, cuando eran las grandes crisis económicas, los procesos interminables de inflación –como en la Alemania de los años ’20–, los ámbitos de incerteza que hacían que todo lo sólido se evaporase en el aire. Sí sabemos que están dispuestos a empeñarse a fondo, sin ahorrar ningún recurso, para descalificar a un gobierno que ha puesto el dedo sobre la llaga del poder hegemónico en el país; de un gobierno dispuesto a doblar la apuesta abriendo brechas antes inimaginables en el interior de una sociedad que parecía entregada al saqueo de todas sus esperanzas.

Una época de cambios en una perspectiva democrática y popular implica un orden de credibilidades públicas donde no sea la prepolítica del miedo la que dirija la economía sino la economía la que se inserte como acto inherente a las figuras explícitas del argumento político. Los pronósticos de las crisis capitalistas como los que realizara Rosa Luxemburgo en 1913 o las graves desidias comprobables que se notaban en la esfera pública en las épocas que llevaron a terribles guerras siguen siendo aleccionadoras. A estos eventos, que denominaríamos crisis objetivas de los sustentos de los regímenes representativos parlamentarios, se les agrega ahora el proyecto de originar un descalabro en las figuras públicas que son emblemas de gobiernos populares y le dan su forma de aglutinamiento, especialmente fijadas en su nombre. Lo que antes era la consecuencia de la debilidad de regímenes parlamentarios que fueron sistemáticamente carcomidos por la ampliación de la crisis económica y el avance de las derechas fascistas hoy ha mutado en una prédica seudomoralista que busca deslegitimar a gobiernos democrático-populares utilizando los recursos, antiguos, de la denuncia serial y el fantasma de la corrupción. No ha habido en el pasado ni en la actualidad un solo gobierno popular que no haya recibido las descargas de esa seudomoralina autoproclamada como el último bastión de la verdadera república siempre amenazada por los populismos. Una simple y rápida revisión del papel de ciertos medios de comunicación en nuestra historia, al menos desde Yrigoyen en adelante, permitiría poner en evidencia la falta de originalidad de la actual campaña desestabilizadora que se viene llevando a cabo en nombre del “periodismo independiente”. Otro tanto comprobaríamos con sólo echar un vistazo a lo que ocurre en otros países de la región en los que los intereses de la derecha se complementan perfectamente con el funcionamiento de los grandes medios de comunicación. Nunca ha sido tan clara la intervención desestabilizadora de la máquina mediática puesta al servicio del establishment económico-financiero. Un lenguaje surgido de las letrinas amarillistas y de las gramáticas del golpismo histórico se despliega con virulencia insidiosa desde las usinas del poder mediático que han dejado de apelar a cualquier tipo de argumentación para desencadenar, una tras otra, una batería de rumores, mitos urbanos de enriquecimientos olímpicos, denuncias indemostrables articuladas con una colección de personajes que van de los lúmpenes del jet set vernáculo a una ex secretaria despechada.

Se funda entonces una maquinaria de horadar, que por supuesto no es nueva y que incluye muchos antecedentes en el pasado inmediato de la cultura social de Occidente, y especialmente de nuestro país. Indirectamente aludimos a la caída de la República de Weimar que dejó abierto el camino para el ascenso del nazismo al poder, pero también a los climas previos fomentados por agencias operativas de los intereses derrocadores, en el caso del gobierno de Arbenz –en Guatemala– y del candidato Gaitán –asesinado en Colombia en plena campaña electoral–, desde luego, siempre con climas en la prensa donde se hace cabalgar con mayor o menor grado de ingenio a los jinetes del Apocalipsis, pero con actos donde de repente se abren los enrejados de infinitas acusaciones de los ámbitos conservadores, de cuyas tinieblas puede emerger el revólver donde habita, como dueño del argumento seco, el disparo final. En nombre del saneamiento moral de la república se abrieron las compuertas para los peores regímenes dictatoriales. En nuestra realidad sudamericana, en ese mismo nombre se busca terminar con los proyectos de matriz popular y democrática que comenzaron al final de la década del ’90 con Hugo Chávez en Venezuela y que se continuaron en Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y Ecuador, signando un tiempo extraordinario en la historia de un continente dominado y sumergido en la pobreza y la desigualdad por aquellos que siempre hablaron en nombre de la moral pública. En su nombre avanzó el golpismo en Honduras y Paraguay.

Estamos en tiempos diferentes, pero en los cuales una sutil forma de golpismo opera todos los días bajo el amparo de los nuevos estilos de escenificación, agrietamiento y cancelación de las creencias sociales. Ejemplos de esta actitud no son difíciles de encontrar en la historia de nuestro país. La campaña del diario Crítica en los años ’20 es un ejemplo característico y debe estudiarse en todas las escuelas de comunicación social. Más allá de la figura, curiosa e interesante en su excentricidad, de Natalio Botana, el diario salía con sus martillos cotidianos a perforar creencias cívicas con ejemplos resonantes de corrupción, ineficiencia, extravagancia del gobernante (la senectud de Yrigoyen) y la asimilación de sus partidarios al Ku Klux Klan. Hombres sinceros de izquierdas y derechas –que precisamente se congregaban también en la redacción de Crítica– adoptaban estas manifestaciones de ingenio metafórico del diario más popular, a fin de no sentirse expropiados en su conciencia si caía al fin y al cabo un gobernante llamado inepto –llorado pocos años después, en ocasión de su fallecimiento, por millones de argentinos, muchos de ellos embargados en un tardío y comprensible arrepentimiento–. Por cierto, estas corrientes subterráneas cuyo índice sísmico es la inmediatez del cuadro económico (la Argentina ha salido de crisis profundas, pero atraviesa conocidos problemas: para el primer caso no conceden reconocimientos, para el segundo ausentan toda clase de comprensión), operan como corrientes que siempre han actuado como terreno ya roturado para las aventuras contrainstitucionales, aunque pasan muchos períodos dormidos a la espera de sus irrupciones cíclicas en la historia nacional. Hoy regresan tratando de cerrar un tiempo argentino caracterizado por el avance poderoso de políticas de reparación social. Van en busca de la reconstrucción de sus privilegios y, para ello, no dudan en movilizar tanto los recursos de la espectacularidad televisiva como la complicidad de una oposición carente de ideas propias. La sombra del revanchismo social, esa que conocimos en 1976 y que acabó instalándose con el menemismo, se yergue como una amenaza contra todas las corrientes populares y progresistas y no sólo contra el Gobierno. ¿Comprenderán los genuinos demócratas que de triunfar la alquimia de vodevil mediático, intereses corporativos, gestualidad antipolítica y neogolpismo especulativo, lo que nos espera será nuevamente el vaciamiento de la vida institucional democrática y el retroceso social? ¿Entenderán que lo que está en juego es la propia idea de la política como instrumento emancipador? El aliento fétido de la regresión neoliberal sale de la pantalla impúdica los domingos a la noche.

No actúan con pruebas ni documentos irrefutables. Están antes de la prueba y el documento, en esa faja indocumentada (no que no los tengan en sus identidades propietarias, puesto que son los que más los poseen) respecto de qué es, qué fue, qué termina siendo un ciclo histórico en la Argentina. No actúan en nombre de lo justo, sino de una peripecia espiritualmente de las más complejas, llamando justicia al desequilibrio social que actúa a su favor, y llamando golpismo a lo que haría el Gobierno, a fin de justificar lo que con vergüenza en el decurso de los tiempos muchas veces terminaron acompañando, esto es, sus propios llamados golpistas sin precisar pronunciar ese mismo nombre. Lo hacen con la facilidad llamativa de haberse convertido en pobres comediantes de las derivas fatales de militares golpistas y ministros de Economía que revestían de argumentos nacionales un fatídico arte para la depredación de los recursos financieros, energéticos y económicos de la nación. Son actores de un relato que afirma la condición autoritaria y hasta dictatorial del Gobierno para generar las condiciones de una irrevocable restauración conservadora. Son quienes sin sonrojarse hablan desde sus editoriales de “terrorismo simbólico de Estado” utilizando la tribuna que se benefició del terrorismo real que durante la terrible dictadura de Videla le dio forma a la apropiación de una empresa que acabó en las manos de quienes construyeron el monopolio del papel para diarios en Argentina. El cinismo y la mentira como instrumentos de esa moral republicana que dicen defender.

Estas porciones no siempre pequeñas de la población han aguardado en sus reductos sentimentales, con su arte de mascullar formas de opinión que hacen al juego normal de la democracia, pero son multitudes disconformes de su propio lenguaje democrático, que no dudamos que lo tienen, pero como posesión particularista, sin animarse a definir lo democrático como lo justo y lo justo como la contingencia donde hay que decidir a favor del bien público siempre. Por eso tiene también el exceso respecto de ese lenguaje, una sobra inabsorbida por sus corazones que, por motivos no siempre incomprensibles, dudan sistemáticamente y a priori de las medidas sociales progresistas y reaccionan cuando perciben tropiezos, que es evidente que los son, que son sometidos a un sistema de magnificaciones e hipérboles donde todo es escandaloso y falso. Nada más impropio que a un país lo dirijan falsarios enmascarados. ¿Se precisaba el magno folletín que contara esta historia fantasmal con castillos draculianos y llamados telefónicos a carpinteros infernales que construyeran bóvedas, criptas o cúpulas salidas de un relato de Edgar Allan Poe, que los carpinteros de la utilería televisiva tratan de remedar entre risotadas?

Han descubierto una consigna que merece algún análisis, que es lo contrario de lo que aquí llamamos lo justo. Una consigna que tiene su vigencia absolutamente atendible en el momento del accidente lamentable y doloroso en la estación Once –“la corrupción mata”– y que parece resumir uno de los aspectos que contiene el golpe certero de un conjunto de problemas que ni son inexistentes ni admiten el sumario tratamiento cercano al de la justicia mediática que exige rapidez y se excusa de la falta de pruebas en nombre del difuso concepto con que han reemplazado al pueblo: “vos”. Pero aquí hay decenas de ciudadanos muertos, trabajadores que iban a sus lugares de trabajo y sucumbieron con una muerte absurda que no exime responsabilidades al Estado, los concesionarios, los operadores del sistema ferroviario en todos sus niveles. “La corrupción mata”. Es una verdad fundamental pero abstracta. Lo que critican es justo. Pero es lo justo a través de un encadenamiento argumental que omite eslabones fundamentales que, de no estar, toda sociedad sería imposible a no ser que esperásemos al Mesías que nos venga a salvar de esta estructura destructiva que conduce trenes, aviones, tratados internacionales, ómnibus de corta y larga distancia, subterráneos, ordena el cada vez más caótico tráfico callejero. Esa consigna, tan impresionante como es, no es un sinónimo del imperio de la justicia. Más bien es una proclama del Apocalipsis, donde según los sabios que lo escribieron el develamiento de cada sello, el misterio de las trompetas y las cifras cabalísticas llevan a erigir al cordero salvador mediante una Justicia rápida, encerrada en una creencia sin mediaciones, sólo basada en la facultad de la profecía. Todo resulta, desde ese enunciado catastrofista, un escándalo que demuestra, una vez más, que la responsabilidad de todos los males la tiene un gobierno que mientras anuncia que la pobreza desciende se dedica a construir bóvedas donde esconde las riquezas mal habidas. El vodevil televisivo, el stand up ingenioso, el improperio seudovirtuoso del periodista, puestos al servicio de una Justicia express que, una vez más, nos demuestra que todo está perdido mientras nos dejemos gobernar por un populismo de hipócritas. El añorado Capriles argentino se estaría preparando para venir a rescatarnos de tanta infamia. Su paridor, qué duda cabe, saldrá del espectáculo televisivo en el que la verdad siempre está siendo revelada.

Interesante ejercicio para los estudios serios de las relaciones que siempre se encierran en el magma profundo de las sociedades, aun las contemporáneas y protagonistas de la Revolución Industrial o informática. Pero la corrupción del capitalismo es silenciosa, no hay “amigos” allí sino “operadores”, ni toda impericia surge de los corruptos, que en todos los casos hay que identificar con pruebas. Si esa consigna la dijeran grandes filósofos de la moral, siempre que no lleven a que nos gobierne un nuevo Savonarola o la misma Inquisición, sería atendible. Pero en las sociedades democráticas hay recursos de investigación, juicios, sumarios y sentencias, que impiden la correlación rígida de estos dos conceptos. El corrupto que para serlo mata es tema de las novelas sobre el mal de los siglos góticos. Hoy, con esa frase se puede dejar de lado la verdadera corrupción de las grandes estructuras capitalistas de dominio para quedarse apenas con una serie de fotografías de casas solariegas de “nuevos ricos vinculados” que no hacen bien a los gobiernos, pero desvían la atención de las verdaderas incisiones que la lógica del Capital hace en la Justicia y en la Política.

No es justo que se empleen estos criterios para hacer de la Justicia una justicia mediática, sin pruebas, haciendo pasar todo discurso político por el cedazo del discurso cómico, de la afirmación desprovista de pruebas, de la manipulación de prejuicios sobre toda clase de funcionarios, y arrojando una sonora mácula contra las figuras centrales de este momento nacional, el ex presidente Kirchner y su esposa y actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. La acción no es nueva, pero lo novedoso es la recreación ficcional, el estilo de vodevil y de novela de terror gótico en la representación de las valijas de dólares, como utilería de la vieja tradición del circo-teatro, y del folletín popular en los bulevares de todos los tiempos. Si no tiene el menor sentido de lo justo, por lo menos tiene efectividad.

El impulso dramático que tienen estos métodos, que proviene del uso central de los medios de comunicación más entrelazados con una receptividad indignada (por razones ni siempre justas ni siempre injustas), pero que opta por una escena de truculencias que remiten a la clásica acusación del golpista que ve el origen de su insondable rencor en el supuesto golpismo de los otros. No admite ser un agente explícito de la libertad de expresión mientras dice que no la hay. Y así llega a instalar, como si sobre una entera ciudad se colocara una red de semáforos perfectamente coordinados, unas fuertes denuncias a la corrupción a través de técnicas folletinescas viejas y modernas. La espectacularización de las noticias en general exime de pruebas pero no de un monologuismo sostenido por escenas cómicas e imitaciones con propósito degradante, bien diferentes a la genuina crítica que los artistas del humor e ironía les han dedicado a los gobernantes, desde los tiempos del periódico El Mosquito, que actuó hace ya un siglo y medio en la política nacional.

¿Vivimos en sociedades sin corrupción? Esto no es posible afirmarlo. Pero es posible decir que la corrupción más importante –si este concepto ganara en tipificaciones jurídicas antes que en amorfas descripciones de comedia musical– es la que ocurre en las grandes transacciones capitalistas en materia de estructuras financieras ilegales, circulaciones clandestinas, excedentes que pertenecen a rubros invisibles de la acumulación de sobreprecios, instancias implícitas de gerenciamiento de dineros privados considerados como mercancía de las mercancías en pequeños países que no es que tengan sistema capitalista, sino que el sistema capitalista los tiene a ellos. Cuando la política se convierte en un engranaje subordinado que implica un eslabón implícito de remuneraciones de la circulación financiera, estamos en una sociedad que posee sólo formas democráticas ficticias. Esa es la aspiración de quienes están por detrás de ese denuncismo desenfrenado, ésa es la escritura que elabora los guiones del neogolpismo folletinesco. Su aspiración no es lo justo, su estrategia busca erosionar a quienes lograron cortar la hegemonía indisimulada de aquellos que convirtieron, durante décadas, al país en una agencia del capital financiero.

Se llaman noveleramente paraísos fiscales, con un eufemismo sorprendente, a formas nacionales o territorios sostenidos por una suerte de ilegalizada legalidad en el alto capitalismo. Nuestro país es soberano, y sus problemas económicos y sociales, que no son pocos ni desconocemos, del mismo modo que señalamos los logros de esta década, sus ámbitos de discusión, que deberían ser más amplios y sus falencias en el debate público son evidentes –sólo pensar en el nombre de la etnia qom basta para ejemplificar muchos otros casos– no puede limitarse a enlatados de televisión con novelas seriales de grosera comicidad, donde se filman casas de funcionarios –aunque es cierto que hay que ser austero– y misteriosas cajas fuertes –es cierto que salidas de la imaginación de alguien que vio las formas físicas en que se representan el poder en películas como Batman o James Bond–. Sólo en novelas de Ian Fleming las cajas fuertes, los documentos públicos, las bolsas de dinero están en las cajas fuertes del poder, pues ésa es la representación empírica y prejuiciosa de lo que es abstracto y no mediato. Del poder sabe bien Goldman Sachs o los grandes financistas que pueden desencadenar guerras sin tener siquiera un bóveda debajo de la escalera de su casa.

Pero sabemos que este conjunto de palabras apunta a erosionar la figura pública de un ex presidente, en una acción que se torna una respuesta de music hall para problemas que merecen otro tratamiento. La marejada política del país llevó a la ley de medios, ésta a la necesaria reforma judicial, ésta a la consideración de la vida cotidiana bajo la normativa de lo justo, ésta a la nacionalización de numerosas empresas públicas, y todo esto debe llevar a nuevos estilos de discusión, donde en vez de verse los Dragones del Apocalipsis escondidos tras cortinados donde defienden con arbitrios y trompetas bíblicas sus cajas empotradas, hay que ver un gobierno que atraviesa distintos momentos y distintas dificultades, todos propios de la vida pública compleja, mundial y nacional, y cuyas explicaciones son más que obvias, por más que muchas medidas no se perciban totalmente eficientes. Pero lo cierto es que, una vez más, no lo atacan por lo que hizo mal sino por todo aquello, ya consignado, que ha significado un cambio notable y positivo en la vida del país. Lo atacan, y esto más allá de los errores y de los aciertos en esta larga batalla política, porque saben que la continuidad de este gobierno amenaza, como nunca antes, sus privilegios. Lo atacan, hasta la náusea y utilizando todos los recursos a su alcance, por haber reinstalado, en nuestra sociedad, la idea de que lo justo no constituye una quimera inalcanzable o una reflexión académica, sino la práctica posible de un proyecto sostenido en los principios de la igualdad y la ampliación permanente de derechos. Lo atacan porque Videla murió en la cárcel y porque propone, con más costos que beneficios, que la Justicia puede y debe ser reformada.

Sin desconocer problemas, sin admitir que se violente la dignidad de la función pública, sin aceptar que bajo una cita de Jefferson o Madison se nos diga que no entendemos de los ordenamientos judiciales, que son producto de sociedades historizadas y no paralizadas por sus clases poseedoras, sin argumentar con excepciones vigentes sólo hacia nosotros mismos, todo ello nos habilita a señalar a una prensa que primero le dice golpista al Gobierno –como se lo dijeron a Yrigoyen para después poder golpear ellos– sin pretender que las instituciones están al margen de una vivaz discusión cotidiana, hacemos un llamado a quienes siguen formando en la consideración hacia este gobierno a pesar de su dificultades –que llamamos a discutir– y de las izquierdas democráticas a quienes llamamos a deliberar sobre la base de un mismo sentido común: el sentido de lo justo, madre de las inclinaciones históricas hacia un latinoamericanismo emancipado, una economía y tecnología sin agresiones al medio ambiente y un sector progresista de la sociedad que sin dejar de criticar a la corrupción, como nosotros mismos lo hacemos, no haga de este concepto una sentencia visual de jueces autoerigidos, de togados mediáticos donde en vez de pruebas necesarias, que lleven a prisión a quienes sea necesario, como en el caso Pedraza, sirvan apenas para la tarea menor de ser coadyuvantes de una comedia desestabilizadora que nos introduzca a una nueva tragedia argentina.

Pero también destacamos, con el mismo énfasis, que en la semana en que se cumplen los primeros diez años de este gobierno somos testigos de un país que ha logrado reencontrarse con aquello que se había extraviado, primero en la noche oscura de la dictadura y después bajo la impunidad neoliberal, y que fue recuperado por la voluntad de ese mismo hombre al que hoy buscan caricaturizar como si fuera el arquetipo del avaro y custodio de bóvedas donde se guardarían riquezas fabulosas. Nos referimos a un país que vuelve a colocar en el centro de sus disputas y debates las cuestiones fundamentales de la igualdad y de lo justo. Una década en la que la reconstrucción de la política se transformó en una de las claves decisivas para volver a soñar con un país más justo, libre y emancipado. Eso es lo que está en juego en esta hora preñada de dificultades y desafíos. Ellos, los inspiradores de tanto odio, lo saben: es ahora cuando tienen que golpear despiadadamente. Nada más horroroso, para su visión alucinada, que la consolidación y la ampliación de un proyecto que vuelve a hacer visibles a los invisibles de la historia. Eso, nada más ni nada menos, es lo que ha estado y sigue estando en disputa en esta década atravesada por cambios notables y nuevos desafíos que, eso pensamos, deberían, siempre, ir en busca de una sociedad más justa.